LA SOCIEDAD MEDIATIZADA

Un artículo de Jorge Rachid
Para analizar la realidad actual de los medios de comunicación y su influencia sobre las conductas y efectos que producen en la población, es necesario internarse, sin intentar un análisis enciclopédico, en Humberto Eco en sus libros “Apocalípticos e integrados” y “Estrategias de la ilusión” en cuanto a la influencia de los mismos en la comunicación práctica.
Los “apocalípticos” son, según el autor, aquellos que miran el pasado, y lo analizan con antiguas teologías y métodos reaccionarios de rechazo para hallar la verdad. Los “integrados” son los místicos que desde la intelectualidad, como miembros de la humanidad, están destinados a salvar el mundo. Dice Eco que el crítico es un filósofo en función de historiador de la cultura y que el mito es una simbolización del inconciente. Por lo tanto el héroe siempre es el héroe individual en la cultura neoliberal encarnado en Superman.
En cuanto a la situación actual de los medios en nuestro país, no
podemos dejar de reconocer que la misma obedece a décadas de cultura
dominante, avasallante y apabullante que los colocaron en una situación
de poder, y que fueron cooptados como herramienta esencial del proceso
de dominación cultural que se instaló en nuestro país, desde la
dictadura militar de 1976 hasta nuestros días.
Así, la conciencia colectiva del pueblo argentino y en especial las
nuevas generaciones, fueron absorbiendo ejes culturales que exaltaban
valores diferentes a los expresados por la cultura del trabajo, del
esfuerzo, del sacrificio y de la solidaridad que inculcaron nuestros
mayores como expresión social de una sociedad mas justa.
Por lo contrario la jerarquización del individualismo, como forma de
coronar socialmente a cualquier precio, el consumismo como valor
referencial de status, la creación de la necesidad antes que el interés
de saber la condición y los afectos de los “otros”, llevó a la diáspora
social, apuntalado dicho proceso, sin dudas por un marco económico y
social, que impulsaba el deterioro del valor de lo argentino y su
denigración constante en comparación nefasta en términos de identidad
nacional, con culturas supuestamente exitosas y superiores de países
del “primer” mundo.
Fue natural entonces que los términos económicos dominasen la mesa
familiar, la discusión giraban sobre superávit fiscal, riesgo país,
sensación térmica, medicina prepaga, colegios privados, ahorro privado
previsional (AFJP), guerra al terrorismo, inseguridad, eje del mal,
colapso energético, crisis del campo, granero del mundo, todos temas
instalados desde los medios como una habitualidad en la vida de los
argentinos, haciendo que hasta empezáramos a sentir la zozobra por una
mala calificación en el llamado “riesgo país” como si se tratase una
verdad bíblica lo dicho por Lherman Brothers, a la sazón consultora
privada y quebrada, que no supo anticipar su propia muerte.
Después del colapso del capitalismo mundial financiero ya no existen
más las consultoras que contribuyeron escondiéndolo e ignorando los
medios el rescate estatal al sector financiero en los países centrales
líderes del privatismo y el estado mínimo, como tampoco existieron los
dramas energéticos, ni tuvimos que importar carne, ni el dólar se fue a
las nubes, ni la crisis tuvo dos dígitos de desocupación ni déficit
fiscal. Sin embargo estas predicciones ocuparon las mesas y los cafés,
estuvieron en las tapas de los diarios, condicionaron el humor de
nuestro pueblo y las radios las repetían mecánicamente sin pausa. Es
mas, se hacía sentir a la gente que su situación era límite, que algo
había que hacer ante tanto descalabro e improvisación, que nuestro
futuro como Nación viable estaba en juego y que así no se podía seguir.
Ahí aparece la cara del monstruo propiciador y propietario de las
instituciones, la moral, las conductas, las supuestas legitimidades,
los hombres y mujeres pomposamente llamados de la Patria, como si el
resto de los mortales que vivimos en esta tierra fuésemos kelpers
invasores, al no coincidir con el supuesto discurso único de lo
“políticamente correcto”. Muchos somos peronistas, perdón pedimos
humildemente a los “dueños del saber”, hemos vivido y realizado
nuestras vidas con un proyecto de compromiso y entrega al prójimo que
seguimos desarrollando cada día, buscando nuevas formas de reparación a
la sociedad maltrecha por años de dolor, ausencias, con mecanismos
insolidarios y expulsivos.
Lo hacemos bien y mal, pero siempre con compromiso, como cualquier
persona comprometida con un destino. Sentimos la Patria, la amamos y
queremos a nuestros compatriotas piensen como piensen. No somos
sectarios ni tampoco excluyentes, pero no queremos virreyes que se
alegren porque los “Fondos Buitres” avanzan sobre los bienes
argentinos, ni personajes que se solazan al compás de las demandas de
los privilegiados de los 90 en juicios de las multinacionales por
“inseguridad jurídica”. No nos sentimos en un país de cuarta, es
nuestro país al que queremos y respetamos, desde sus símbolos hasta su
historia, pero antes que nada a su Pueblo, paciente y generoso hasta el
cansancio después de tanta devastación financiera neoliberal.
No podemos permanecer impasibles frente al atropello de la realidad,
por parte de los medios en su lucha por intereses concretos y sus lobys
permanentes que inundan todos los sectores de la vida nacional
corrompiendo con dinero, miedo o vanidades. Quien no esta en la TV no
existe ni en la política ni en la vida, es un ser anónimo para el
paradigma del éxito hoy. En la política esto tiene traducción con
nombres y apellidos. Antes eran los analistas económicos garúes en los
90, ahora lo politólogos y los periodistas estrellas los que auguran,
siempre desde el borde del abismo, el próximo paso adelante en el
derrumbe nacional que solo ellos imaginan.
Afecta esta situación la salud colectiva del pueblo ya que la angustia
generada no es gratis al equilibrio orgánico de cada persona. El
malhumor y el desencanto, la falta de perspectivas y la anulación de la
esperanza, son estiletazos al corazón social colectivo. Es una
responsabilidad no asumida por quienes son propiciadores de permanentes
malas nuevas con objetivos subalternos, y el daño causado solo es
comprensible en términos históricos, porque una lucha por espacios de
poder e intereses mezquinos de los medios de comunicación, no lo
amerita si se piensa la Patria como objetivo de construcción de un
espacio común.
Seguiremos muchos con nuestra tarea del desmonte del discurso hipócrita
y de doble moral enarbolado por estos personajes, pero seguiremos
también apostando por la esperanza con mas Estado, mas Justicia Social,
mas Soberanía Política y mas Independencia Económica, en un camino
iniciado con aciertos y con errores pero que debe profundizarse,
ampliarse a nuevas capas de población, a nuevos sistemas de alianzas
políticas del campo nacional y popular, teniendo como único interés el
supremo interés del pueblo argentino.
JORGE RACHID
CABA, 3-2-10
jorgerachid2003@yahoo.com.ar
05/02/2010 (332)





























