DE NARVÁEZ Y EL PERONISMO



En Latinoamérica, así se conoce al proyecto imperial de dominación continental que, so pretexto de combatir el narcotráfico que desangra a Colombia, comprende amplia presencia militar norteamericana, hechos de desestabilización política en toda la región, y múltiple ayuda, desde bélica hasta económica, al gobierno paramilitar de Alvaro Uribe por parte de los Estados Unidos. Sus resultados devastadores, sin embargo, sólo se cuentan entre las fuerzas de insurgencia política y victimizan aún más a la castigada población civil, con miles de dirigentes sindicales asesinados. Mientras el Plan Colombia se profundiza, el narcoterrorismo sigue financiando campañas políticas.
En la Argentina, el Plan Colombia es mucho más modesto. De entrecasa, digamos. Una parodia de aquél, aunque en el fondo ambos persigan el mismo objetivo político: acabar de una vez y para siempre con el proceso de integración regional, que ensaya respuestas concretas a la marginación que el neoliberalismo dejó sembrada como peste en estas tierras.
Su protagonista: Francisco de Narváez Steuer, un ridículo empresario polirrubro, de pelo colorado y enigmático tatoo en la yugular, torpe como un adoquín para las definiciones políticas y –atenti- vinculado a un sonado caso de tráfico de efedrina, un reactivo químico esencial para la producción de drogas sintéticas, además de la cocaína.
Sólo a un niño bien experto en derrochar su fortuna familiar, y que por
última osadía se le ocurre actuar en política, se le puede escapar el
furcio de defender abiertamente el golpe de Estado en Honduras, tan
sólo 24 horas después de haber ganado una elección (aunque por
escasísimo margen). Ningún político de raza pisa el palito, y menos si
es mientras disfruta las mieles del favor mediático, ambiente, el de
los medios, que De Narváez debiera conocer hasta el detalle, debido a
su ilegal participación en el capital accionario del multimedios
América. Esa posesión lucrativa se encuentra expresamente prohibida
para Diputados de la Nación, normativa que, sin embargo, El Colorado
viola de modo alevoso.
Lo cierto es que aún contando con la opinión positiva de la mayoría de
los opinadores masivos, entre ellos quienes lo entrevistaban aquella
noche en el canal TN, propiedad del Grupo Clarín, el empresario
devenido en político estrella de la oposición se dejó arrinconar por
los conductores, y debió ceder una confesión políticamente incorrecta:
su declaración de amor por el empresario que había derrocado
ilegalmente a Manuel Zelaya, su colega Roberto Michetelli. Un típico
error de principiante, incompatible para alguien que aspira a
capitanear el peronismo.
Es que, aunque resulte difícil creerlo, De Narváez, argentino por
opción pero colombiano de nacimiento, ha mostrado en las últimas
semanas el deseo abierto de competir por la conducción del Partido
Justicialista, para lanzarse, luego, a la carrera presidencial.
Seguramente se sienta entusiasmado con el triunfo electoral del
candidato derechista en Chile, el acaudalado Sebastián Piñera, cuyo
apego por el ridículo público lo asemeja, además de por la cantidad de
bienes, a Mauricio Macri, el ex socio del colombiano.
El Colorado ha tenido el tupé de desafiar a Néstor Kirchner, y no
contento con la nueva osadía, se ha declarado peronista. Caramba. El
despedidor de trabajadores cuando controlaba Casa Tía, se proclama,
ahora, “peronista”. Mire usted. Hasta se anima a darle consejos a Hugo
Moyano sobre sindicalismo y representación gremial. Quien alguna vez se
jactó de haber echado a empleados que tenían 25 años de experiencia,
liberándose de “todos, los buenos y los malos; desde los cajeros hasta
las secretarias de los gerentes, personas que en el pasado habían
dirigido la compañía”, declara ahora sentirse preocupado por el trabajo
informal. Peor: le reclama al jefe cegetista “modernizar” la
representación sindical, justamente a quien ha logrado hitos para sus
afiliados, como contar los trabajadores con el mas moderno sanatorio de
America latina que contribuye a la mejor cobertura en salud, el más
lujoso servicio hotelero en todo el país, mejores condiciones de
trabajo y los sueldos más altos de entre toda la estructura salarial
argentina. Salvo que “modernizar” signifique “flexibilizar” es decir
permitir que se arrasen con el trabajo y los demás derechos de los
trabajadores.
Lo de Francisco de Narváez parece ser un nuevo intento del
establishment económico por volver a usufructuar la estructura política
y territorial del peronismo, clave para la representación popular y la
construcción de poder real entre las bases sociales, tal como lo
hicieran Carlos Menem y Eduardo Duhalde en la década del 90 y hasta
2003.
Sin el peronismo a su favor, saben, la derecha no podrá detener la
profundización del modelo de país que se inició con el gobierno de
Néstor Kirchner. Ensaya, entonces, reflotar la experiencia neoliberal
dentro del Justicialismo, como en las viejas épocas de oro de la UCD,
cuando sus dirigentes cantaban sonrojados la Marcha Peronista, a cambio
de implantar con la simbología nacional y popular el plan neoliberal,
de devastación social, material y cultural más extraordinario que se
tenga registro en la historia argentina, urdiendo al mismo tiempo el
desfalco ideológico más brutal del que se tenga memoria, imposible de
ser consumado sin el genocidio sufrido en el país durante la dictadura,
que desarticuló las organizaciones sociales, sindicales y políticas más
comprometidas con la defensa de los intereses populares.
No obstante, la rotunda respuesta del líder de la CGT, Hugo Moyano,
indiscutiblemente el gremialista de mayor consenso entre las bases
obreras, hace peligrar la intentona. El camionero expresó que el
“peronismo es de los laburantes” y se opone al “peronismo coqueto o
paquete con que estos señores pretenden apoderarse”. También, prometió
“movilizar a todos los trabajadores que sean necesarios” para oponerse
al empresario en caso de que decida presentarse a elecciones dentro de
la interna partidaria y recordó que en el pasado “muchos sectores
políticos nos arrebataron” el PJ, advirtiendo que quienes lo intentan
ahora sólo se interesan por la estructura “para llegar al poder, y
después hacen todo lo contrario a lo que dicen que se debería hacer
desde el peronismo”.
A la oposición política de la mayoría de los miembros activos del
peronismo a una eventual candidatura a un cargo Ejecutivo de De
Narváez, ya sea en la gobernación bonaerense, o en la Casa Rosada, se
le suma un impedimento legal: la mismísima Constitución Nacional, que
en sus articulados exige que el Presidente y el Vicepresidente de la
Nación hayan nacido en el territorio argentino, o, en el caso de haber
nacido en el exterior, sean hijos de ciudadanos nativos, condición que
no reúne el empresario, vástago natural de un colombiano y una
checoslovaca.
Esa inhibición constitucional, sin embargo, puede ser revisada por la
Justicia. Llegado el caso, el Máximo Tribunal del país puede declarar
la inconstitucionalidad de la mismísima Constitución, y darle permiso a
De Narváez de sacarse el gusto y probarse cómo le queda la banda
presidencial cruzada sobre sus elegantes trajes de “alta gama”, como se
dice ahora.
¿Le dará la Corte Suprema ese beneficio? ¿Observará lo que la ley
máxima de la Nación reglamenta, o se rendirá ante los favores de la
gruesa billetera del colombiano? Todo es posible en la Argentina del
Partido de la Justicia, menos una cuestión: volver atrás en la
Historia. Y, recuperación salarial mediante, la versión neoliberal del
peronismo parece estar condenada a no volver a repetirse.
Buenos Aires, 4 de Febrero del 2010.-
*miembro de la Comisión Política de la Corriente Nacional del sindicalismo Peronista
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